Home » El perdón: una habilidad social indispensable

¿Por qué es importante el perdón?

Las relaciones sociales se basan en el principio de la confianza. La confianza se basa en la necesidad de apoyo mutuo y en la necesidad de colaboración que tenemos las personas en nuestras dinámicas sociales. La confianza es un elemento social en equilibrio inestable ya que es difícil de obtener y mantener, necesitamos bastantes indicadores para darla y pocas para perderla. El perdón entra en juego cuando queremos restablecer la confianza.

Dar los pasos para que te perdonen y saber perdonar son los mecanismos esenciales para recuperar el balance de confianza en las relaciones sociales y la salud mental. Aunque las personas tenemos memoria y almacenamos hechos cargados de emociones, una buena ejecución de los mecanismos del perdón suelen ser efectivos para poder procesar los episodios vitales y poder disfrutar de volver a dar y recibir muestras de confianza.

Si la persona perjudicada no perdona adecuadamente o la persona que ha cometido el daño no llevan a cabo una serie de pasos para restablecer esa confianza se corre el peligro de tapar heridas que condicionarán la calidad de las relaciones así cómo creará una pauta de conducta que la persona que comete daño tenderá a repetir o, al menos, a verse atrapada por sus propias conductas, por su ego, por la falsedad de la imagen que quiere trasladar o por sus propios mecanismos de defensa.

Elementos del juicio moral

Antes de profundizar sobre el significado social y moral del perdón, es importante hacer una serie de distinciones conceptuales que nos sirven para abordar las acciones (u omisiones) humanas susceptibles de ser evaluadas moralmente. Hay que distinguir entre:

  • Conciencia moral: capacidad de las personas para evaluar con profundidad las acciones humanas en función de los elementos que se presentan a continuación.
  • Principios éticos: son los ideales abstractos sobre el comportamiento humano que consideramos indispensables para construir una sociedad armoniosa que permita el desarrollo adecuado de las personas. Por ejemplo: la honestidad, la paz o la colaboración.
  • Normas morales: son las verbalizaciones bien estructuradas que materializan los principios éticos en una suerte de imperativos, sugerencias, recomendaciones para poder ser aplicados en la toma de decisiones diarias. Por ejemplo: “hay que decir la verdad”, “no se debe mentir” (diferente de la primera) o “hay que cuidar la confianza que nos dan”.
  • Circunstancias: es el conjunto de elementos que rodean a las personas que realizan, omiten comportamientos y/o reciben sus consecuencias. Un ejemplo muy común es el conjunto de aspectos biográficos que rodean a las personas que intervienen, los traumas, los miedos, los intereses, los complejos o el nivel de inteligencia emocional.
  • Intenciones: es el conjunto de resultados que intuitivamente esperamos que sucedan. Son difíciles de objetivar, pero no imposibles de conocer más allá de lo que se verbalice. Las intenciones giran normalmente en torno a intereses individuales legítimos o no. Lo importante aquí no es cómo conocerlas realmente, sino saber que las intenciones no condicionan exclusivamente la valoración moral, es decir, por muy convencidos que estemos de que nuestros actos tienen “buenas intenciones”, esto no implica necesariamente que la acción moral resultante sea buena.
  • Hechos: son los comportamientos objetivos no interpretables que realmente se dan incluidos en la valoración moral por su relación con los demás elementos. Por ejemplo: las verbalizaciones concretas, el uso de tal o cuál término, el tono de voz utilizado, la falta de respuesta ante una pregunta, los gestos, etc.
  • Consecuencias: son los efectos reales, esperados o no, que se dan en las otras personas, en el entorno y en uno mismo. Normalmente se habla del impacto que tiene en la vida de los demás, en su dignidad, en su estima, reputación, estabilidad o incluso a nivel físico.
  • Responsabilidad: es uno de los principios éticos que entra en juego en los procesos de generación de confianza. Se compone de una mezcla de un sentido del deber y un conjunto de acciones que evidencien que una persona asume las consecuencias de sus actos y tiene un alto grado de conciencia moral.

Podríamos profundizar en cada uno de los elementos, e incluso ampliarlos, pero para el análisis del perdón es suficiente con esta aproximación.

El álgebra moral

Usando un enfoque muy simplificado, podemos establecer cierta relación entre dos de los principales elementos que utilizamos cuando evaluamos la necesidad del perdón: intenciones y consecuencias. No son reglas matemáticas pero podemos considerar la siguiente tabla como una generalización de la evaluación moral + buena, – mala, ≈ imprecisa.

Intenciones Consecuencias Evaluación moral
+
+
+
+
+

Obviamente esta tabla es una simplificación y cada fila puede ser discutida, pero en términos generales:

  • Si las intenciones y las consecuencias son valoradas positivamente, la acción la consideramos buena.
  • Si las intenciones son positivas, neutrales, no reprobables pero las consecuencias son perjudiciales, tendemos a evaluar negativamente en términos generales.
  • Si las intenciones son ilegítimas, dañinas, manipulativas, interesadas o egoístas pero las consecuencias benefician o tienen un impacto más o menos positivo (por casualidad), suspendemos el juicio moral o nos es difícil posicionarnos aunque en general tendemos a valorar negativamente.
  • Si las intenciones y las consecuencias son dañinas, la acción moral se considera claramente reprobable.

Como se observa, hay más posibilidades de evaluar negativamente y perder la confianza. Y esto, ¿qué tiene que ver con el perdón? La relación está en que cuando solicitamos ser perdonados o cuando accedemos a perdonar entran en juego de una manera u otra los elementos de la evaluación moral vistos en la tabla.

¿Por qué cuesta tanto?

En la persona que se disculpa

Desde la posición de quién realiza la acción o la omisión dañina, resulta muy difícil reconocer la culpa ya que entran en juego los mecanismos de defensa, una especie de batalla de egos, la búsqueda de descargos de responsabilidad, la necesidad de mantener una autoimagen a costa de la verdad o del reconocimiento de la culpa, un miedo a perder poder, capacidad de influencia o estatus social.

Hace falta mucho valor, capacidad de asumir el riesgo, seguridad en sí mismo y sobre todo sentido del deber para llevar a cabo todo el proceso de reparación del daño.

En la persona que perdona

Desde el punto de vista de quién sufre las consecuencias, ante una traición, una mentira, una ocultación, una manipulación que intenta pasar por debajo del radar, una ofensa o maltrato de algún tipo, no solo sentimos dolor sino que nos sentimos como si tuviéramos que llevar una carga no solicitada, pagar una factura de un pedido que no hemos hecho y, por tanto, como si alguien nos debiera algo. Es una sensación de desequilibrio, de pérdida de homeostasis psicológica.

Hace falta gran capacidad de resiliencia, antifragilidad, positivismo, control de la rumiación y autoconocimiento para poder aceptar el error ajeno y apertura para recuperar la confianza.

El perdón efectivo

Decir un “disculpa si te he hecho daño” o decir “te perdono” es necesario pero no suficiente. No funciona como un interruptor on/off que a partir de esas verbalizaciones la confianza ya vuelve a estar al 100%. Para que se restablezca un verdadero equilibrio hace falta un procesamiento del perdón más elaborado.

En la persona que se disculpa

  • Estar en disposición de ser lo más objetivo posible con los actos propios. Evitar sesgos y descargos de responsabilidad o democratización de la culpabilidad («la culpa es de todos»)
  • Tomar conciencia de cada uno de los aspectos de la acción moral, especialmente la distinción: intenciones vs. hechos vs. consecuencias.
  • Sentir de alguna manera, por empatía o simpatía, el (posible) dolor ajeno.
  • Sentir culpa de manera constructiva. No es necesario machacarse pero tampoco evitar este mecanismo. Sentir culpa nos hace más humanos.
  • Asumir que reparar el daño necesita de un esfuerzo mantenido en el tiempo. Hace falta concretar cómo se repara el daño y realizar las acciones.
  • Pensar en estrategias honestas para recuperar confianza.
  • Evitar batallas de egos.
  • Verbalizar las disculpas una o varias veces. Esto no es una acto de humillación, es un acto de valentía.
  • Aceptar al rechazo temporal o total.
  • Regalar energía personal de manera sincera abriéndose a la vulnerabilidad.

En la persona que perdona

  • Considerar que el perdón es de las formas más útiles de llegar a recuperar el balance emocional propio, mucho más que la venganza o que el intento de olvido.
  • Asumir que la necesidad de hacer justicia no está mal pero que, en las relaciones personales, ser juez y parte conlleva muchos sesgos y es un pozo sin fondo.
  • Ser consciente de que uno también comete errores y que las segundas oportunidades no tienen por qué ser malas.
  • Darse tiempo a sí mismo para amortiguar el daño, minorar la carga afectiva negativa y mejorar la resiliencia.
  • Dar tiempo a la otra persona para que sienta la culpa, reflexione y tenga una oportunidad para mejorar.
  • Evitar la batalla de egos o al menos ser consciente de que se entra en ellas y poner medios para pararlas.
  • Evaluar si la otra persona es sincera con su petición y constante en su comportamiento pero evitar el testeo continuo y en la desconfianza crónica.
  • Ser consciente de que la otra persona podría haber tenido intereses legítimos pero mal ejecutados o buenas intenciones mal materializadas por miedos o por falta de habilidades.
  • Esforzarse en dar muestras de recuperación de la confianza poco a poco requiere voluntad.
  • Regalar energía personal y nuevas oportunidades controlando las expectativas.

Obviamente esto del perdón no es un proceso matemático donde se garantice el restablecimiento de la confianza de la armonía en la interacción social siguiendo un algoritmo, pero dar estos pasos de manera consciente y responsable por cada una de las partes facilita enormemente la consecución de ese objetivo. Si te encuentras en una situación que requiera del perdón, recuerda este post.